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El IDIPRON a través de los ojos de su Director: Carlos Marín Cala

Categoría: Noticias Idipron

Todos los días madruga a boxear en el cuadrilátero de la Unidad de Protección Integral “La 32” del IDIPRON, en un esfuerzo físico con el que ha encontrado la manera de canalizar sus frustraciones, sus preocupaciones y su ansiedad.
Tiene 58 años y es un hombre con grandes cicatrices en el alma que lo hacen especialmente sensible en su cercanía con los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, a quienes comprende y apoya.

Acostumbrado a caminar Bogotá y ver de cerca la vida de los habitantes de calle, vivió esa misma experiencia durante su niñez. Una niñez y una adolescencia en la que se codeó con la pobreza, el abuso, las drogas y la rebeldía.

Durante los últimos 24 años caminó por El Bronx, La “L”, El Cartucho y el centro de la ciudad, buscando a esos seres perdidos entre el asfalto y las construcciones de hormigón, aquellos que la gente deja de lado por ser los menos favorecidos.

Uno de sus retos personales tiene que ver con fotografiar a los habitantes de calle mientras duermen en calles, parques o cualquier otro sitio donde les coja el sueño. 

Sus fotografías tienen como base el respeto ya que nunca enfoca sus caras, sino que se concentra en los lugares y la forma misma en que duerme el fotografiado. Así busca hacer visible a estos ciudadanos sujetos de derechos, aunque muchas veces son repudiados por ser habitantes de calle.

Así es Carlos Marín, el director del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud, IDIPRON, cargo al que llegó al inicio del gobierno de Claudia López con la misión de mantener y mejorar la cercanía del Instituto con los beneficiarios. En su oficina destacan los retablos y fotografías de dos figuras que fueron decisivas en su vida profesional: Javier de Nicoló y Gilma Jiménez.

JAVIER DE NICOLÓ

“Si hay alguien que debe ser considerado un apóstol y hasta un santo, es el padre Nicoló, porque hizo milagros en vida, sacando de la calle y del riesgo de caer en ella a más de 100.000 jóvenes”, asegura mirando a la cara y con plena conciencia.

Al padre Nicoló lo conoció en el año 1998 cuando Carlos estaba al frente del programa de Habitante de Calle del Bienestar Social del Distrito, para personas de 22 años en adelante,  entidad que por esa época era dirigida por Gilma Jiménez. 

“No solo en Bogotá sino en el mundo, el padre Javier dignificó la calle, ese lugar en el que identificó al ser humano que debía ser atendido, a aquellos que había que darle oportunidades de vida, expresadas en su modelo pedagógico, único, que dejó en Bogotá”

Mientras habla, un velón se consume lentamente frente a la imagen de padre Javier, aquella misma imagen que está en todos los rincones de las sedes del IDIPRON, en los corazones de miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes beneficiarios y egresados del IDIPRON, quienes pronuncian a diario su nombre en sus charlas de pasillo en todas las sedes y sitios de reunión. 

UNA INFANCIA DIFÍCIL

A los 14 años, Carlos se voló de su casa durante tres meses, vivió todos los peligros de la calle, entre intentos de violación, peligro de consumo y dormir en la calle. “Afortunadamente tuve la oportunidad de entrar y salir de ese mundo, al que, desgraciadamente, caen muchos que no pueden salir nunca”.

Allí entendió que las personas tienen capacidad de construir vida a partir de las cosas negativas y a encausar su vida hacia mejores destinos, lo que le dio la tranquilidad de hablarle a los jóvenes

“Tuve una juventud difícil y entre 19 y 21 años bastante complicada por el tema del consumo, pero logré salir de eso. Si logramos educar a nuestros niños y los llevamos a entender que la vida es un proceso y ese proceso se construye día a día, sumados a los principios de la familia, a los ambientes sanos y no sanos, lograremos cosas muy importantes.

Carlos fue abusado de niño; a sus seis años una persona cercana a la familia lo violentó; una persona que lo engañó para tratar de que guardara silencio y no le contara el hecho a sus padres, en una época que el considera triste. Por muchos años guardó ese silencio hasta que un día, en una entrevista televisiva y radial, en el año 2000, con el periodista Darío Arismendi, puedo liberar ese secreto al considerar que ya lo había superado todo.

“Cuando uno escucha a los llamados “expertos” que hablan de abuso que dicen que “supuestamente” o “posiblemente”, eso no es con el "supuestamente" con el que disfrazan el hecho, el abuso es una agresión que nos hicieron a las personas que lo sufrimos, es una verdad”.

Según Carlos, en esa época los niños no tenían ni voz ni voto, “pero ahora sabemos que desde bien pequeños hay niños y niñas que sufren de ese abuso”. Por eso, asegura que hay que trabajar mucho, “permanentemente, no solo desde la ley sino desde la educación en la importancia de que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes no permitan que sean abusados y hablen a tiempo”, precisa. 

MÁS QUE UN DIRECTOR

Carlos es un hombre sencillo, muy cercano a las personas, respetuoso y muy directivo, como él mismo asegura.

“Vivir tantos años trabajando entre los jóvenes me da la oportunidad de entenderlos.  A veces me critican porque me siento joven en este trabajo, me visto como joven y tengo comportamientos de joven. Lo único es que no me gusta el reguetón. (Sonríe)  No esperaba ser director de una institución como el Instituto, pero gracias a l llamado de Claudia, pude cumplir con esta oportunidad”, explica.

Carlos se siente muy papá, muy cuidador, ve a los beneficiarios como a sus hijos y quiere adecuar la institución a los requerimientos de ellos, a sus necesidades.

“Me gustaría que a todos les fuera bien en la vida, y me gustaría llevarles el mensaje que la vida es un proceso, que no desfallezcan, que queremos que se vinculen a este Nuevo Contrato Social. Eso me daría mucha satisfacción de la labor que hago como director".

Carlos asegura que ha encontrado “mucha vida” en su contacto con los chicos y chicas del IDIPRON. Explica que desde el Instituto se busca que el joven tenga la posibilidad de discernir, entendiendo sus nuevos códigos, para construir una ciudad de sujetos no de objetos.

“Nunca me había visto trabajando con niños, pero en el contacto diario, al mirarlos, acuñé esta frase: Si usted quiere conocer a Dios, mire a nuestras niños y niñas del IDIPRON que ahí se ve reflejada la imagen de Cristo. Porque hablando con ellos se da uno cuenta que su historia de vida es muy compleja”

En ese contacto fue testigo de un hecho que se convirtió en una dura anécdota: “recuerdo ver a un niño que le estaban dando la comida y me llamó la atención porque pensé que a su edad ya debía ser autónomo en ese proceso. El Niño no estaba familiarizado ni con los cubiertos ni con los alimentos que le daban en la unidad. Luego me enteré de que había crecido comiendo solamente arroz, papa y aguapanela. “¿Y aquel niño?, pregunté.  Y la respuesta me sacudió por dentro y me hizo pensar en la responsabilidad del distrito en salvar ese proceso: La mamá ejerce la prostitución y no puede satisfacer sus necesidades, por eso además ha permanecido solo".

“Veo a los niños y a las niñas y recuerdo mi infancia, vivíamos una gran pobreza, solo comiendo pan y leche regalados por el gobierno de ese entones y a veces nos tocaba cpomplementar comiendo palomo”, continuó.

"La labor que nos encomendó Claudia es ponerle rostro a esas historias y, por lo menos mientras esté aquí, hacer a esos niños felices".

EN MEDIO DEL BULLYNG UN ACTO FRENTERO

Hasta el momento, Se han recibido 64 anónimos acusando al director de hechos y actitudes absurdas, escritos, al parecer, de gente adulta: En esos anónimos le dicen de todo al director.

Sin embargo, una carta escrita y firmada por niñas menores de edad que hicieron un llamado de atención a la Entidad sobre algunas situaciones en una de nuestras Unidades de Protección fue una actitud calificada como  “frentera” y destacada por el director. 

“Ellas, a diferencia de los anónimos, se hicieron visibles en un gesto muy bonito y valioso". 

ENTRE LA LEGALIDAD Y LA ILEGALIDAD (Los trapecistas)

Uno de los principales objetivos de la alcaldesa, Carlos Marín y el IDIPRON, es arrebatar de la delincuencia a los llamados jóvenes “trapecistas”, aquellos que se encuentran en una frontera delgada entre la legalidad y la ilegalidad, presionados por la falta de oportunidades y de educación, además de estar acorralados por las bandas delincuenciales.

Por eso propone realizar tomas de la ciudad, a través del modelo pedagógico propio de la Entidad, el modelo psicosocial, llevando el colegio a las calles, con acompañamiento espiritual, con acceso a la salud y al emprendimiento, entre otros.

“Hay unos muchachos y muchachas con habilidades extraordinarias para el deporte, que hacen parte de nuestros beneficiarios, razón por lo que contratamos a Alirio Amaya, Administrador Deportivo, con mucha experiencia, para que conjuntamente con todos los profesionales de la Entidad podamos inculcar en esos chicos y chicas, más que ser un profesional del deporte, retomar el deporte como un estilo de vida”. 

Para lograrlo, Carlos quiere llegar a los barrios con toda la oferta de la Entidad además del deporte, del que destaca dos disciplinas que cautivan a los beneficiarios: El fútbol y el boxeo. Dos deportes muy "distintos" pero que han demostrado su gran influencia entre hombres y mujeres del IDIPRON. 

“En estos cuatro años queremos poner el deporte en nuestra agenda de educación como llave para llegar a los beneficiarios. Hemos pensado hasta en integrar un equipo en la tercera división del fútbol distrital con nuestra juventud y vamos a comprar cuadriláteros móviles para llegar a los barrios con el boxeo, deporte que nos ha dejado en el IDIPRON varios campeones distritales, entre chicos y chicas”.

Muchas personas ven en el boxeo un deporte violento, pero para el IDIPRON, el boxeo es un canalizador de energías, una disculpa para “enganchar” a los jóvenes en los barrios, no solo con este deporte, sino con circo, filarmónica, atención con medicina alternativa, entre otras actividades.

“A mi edad estoy practicando boxeo, llevo tres meses practicándolo y muchos chicos me han retado a boxear. Lo único que les pido es que no me golpeen en el pecho porque soy un paciente cardiovascular, tengo problemas de presión, de diabetes y tiroides y me ha llamado la atención que cuando me ven boxeando, el anhelo es pelear con el director y les voy a dar gusto". 

El IDIPRON tiene una estrategia llamada "Boxeo al Barrio", en el que los jóvenes llegan a armar una nueva experiencia de vida.

Carlos reflexiona sobre el boxeo y sus bondades y sabe que a través de ese deporte se pueden liberar toda clase de tensiones y ansiedades. “Tengo mis guantes y mis vendas para boxear casi todos los días de la semana,  lo que me ha permitido conocer más mi cuerpo, aprender a respirar; me duelen los nudillos, los músculos, pero también he aprendido a sobre llevar los dolores a través de la práctica". 

“Qué rico que esos jóvenes vean al director como una persona normal, como un ser humano igual a ellos. Esa es la intención. Ahí voy, aprendiendo, porque este cargo no es fácil, hay presiones internas y externas. Nunca había tenido la posibilidad de recibir tanto bullyng”, asegura.

INFRAESTRUCTA OBSOLETA

“En nuestras 26 instalaciones tenemos casas que se ven muy bonitas, pero tienen serios problemas de averías físicas, que estamos trabajando para rescatarla poco a poco. Pero es una infraestructura que debemos pensar qué hacer con ella porque ya tiene muchos años, entre 40 y 50. Piense que, en la República de los Muchachos en la Florida, de 660 niños se pasó a 50 niños; por eso vamos a recuperarla con la alcaldesa Claudia López y el Nuevo Contrato Social y Ambiental del Siglo XXI. A mí me parece que debería ser un centro técnico de capacitación, con dormida y atención y obviamente con su autogobierno”, asegura.

La realidad de Bogotá dice que la calle ha cambiado y ya los “gamines” de los años 70's lograron ser recuperados y muchos chicos y chicas que pasaron por La Florida o por Arcadia, la sede para las mujeres, hoy en día están habilitados para ejercer la ciudadanía, aprovecharon su oportunidad y son un aporte fundamental a la ciudad. 

En cuanto a San Francisco, asegura que es uno de los orgullos del IDIPRON, junto a ARCADIA. “Para mí, la sede de San Francisco es el alma de Dios, allí los niños tienen sus huertas, tienen el campo, el río y vamos a ver a llevar a las niñas para allá”.

Así es Carlos Marín, un hombre sencillo, que quiere construir desde el IDIPRON, conjuntamente con funcionarios, contratistas, los padres y los niños, niñas , adolescentes y jóvenes, a quienes quiere brindar más oportunidades así como él mismo hace muchos años tuvo una oportunidad, que aprovechó para superar todos sus problemas.

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Acostumbrado a caminar Bogotá y ver de cerca la vida de los habitantes de calle, vivió esa misma experiencia durante su niñez. Una niñez y una adolescencia en la que se codeó con la pobreza, el abuso, las drogas y la rebeldía.

Durante los últimos 24 años caminó por El Bronx, La “L”, El Cartucho y el centro de la ciudad, buscando a esos seres perdidos entre el asfalto y las construcciones de hormigón, aquellos que la gente deja de lado por ser los menos favorecidos.

Uno de sus retos personales tiene que ver con fotografiar a los habitantes de calle mientras duermen en calles, parques o cualquier otro sitio donde les coja el sueño. 

Sus fotografías tienen como base el respeto ya que nunca enfoca sus caras, sino que se concentra en los lugares y la forma misma en que duerme el fotografiado. Así busca hacer visible a estos ciudadanos sujetos de derechos, aunque muchas veces son repudiados por ser habitantes de calle.

Así es Carlos Marín, el director del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud, IDIPRON, cargo al que llegó al inicio del gobierno de Claudia López con la misión de mantener y mejorar la cercanía del Instituto con los beneficiarios. En su oficina destacan los retablos y fotografías de dos figuras que fueron decisivas en su vida profesional: Javier de Nicoló y Gilma Jiménez.

JAVIER DE NICOLÓ

“Si hay alguien que debe ser considerado un apóstol y hasta un santo, es el padre Nicoló, porque hizo milagros en vida, sacando de la calle y del riesgo de caer en ella a más de 100.000 jóvenes”, asegura mirando a la cara y con plena conciencia.

Al padre Nicoló lo conoció en el año 1998 cuando Carlos estaba al frente del programa de Habitante de Calle del Bienestar Social del Distrito, para personas de 22 años en adelante,  entidad que por esa época era dirigida por Gilma Jiménez. 

“No solo en Bogotá sino en el mundo, el padre Javier dignificó la calle, ese lugar en el que identificó al ser humano que debía ser atendido, a aquellos que había que darle oportunidades de vida, expresadas en su modelo pedagógico, único, que dejó en Bogotá”

Mientras habla, un velón se consume lentamente frente a la imagen de padre Javier, aquella misma imagen que está en todos los rincones de las sedes del IDIPRON, en los corazones de miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes beneficiarios y egresados del IDIPRON, quienes pronuncian a diario su nombre en sus charlas de pasillo en todas las sedes y sitios de reunión. 

UNA INFANCIA DIFÍCIL

A los 14 años, Carlos se voló de su casa durante tres meses, vivió todos los peligros de la calle, entre intentos de violación, peligro de consumo y dormir en la calle. “Afortunadamente tuve la oportunidad de entrar y salir de ese mundo, al que, desgraciadamente, caen muchos que no pueden salir nunca”.

Allí entendió que las personas tienen capacidad de construir vida a partir de las cosas negativas y a encausar su vida hacia mejores destinos, lo que le dio la tranquilidad de hablarle a los jóvenes

“Tuve una juventud difícil y entre 19 y 21 años bastante complicada por el tema del consumo, pero logré salir de eso. Si logramos educar a nuestros niños y los llevamos a entender que la vida es un proceso y ese proceso se construye día a día, sumados a los principios de la familia, a los ambientes sanos y no sanos, lograremos cosas muy importantes.

Carlos fue abusado de niño; a sus seis años una persona cercana a la familia lo violentó; una persona que lo engañó para tratar de que guardara silencio y no le contara el hecho a sus padres, en una época que el considera triste. Por muchos años guardó ese silencio hasta que un día, en una entrevista televisiva y radial, en el año 2000, con el periodista Darío Arismendi, puedo liberar ese secreto al considerar que ya lo había superado todo.

“Cuando uno escucha a los llamados “expertos” que hablan de abuso que dicen que “supuestamente” o “posiblemente”, eso no es con el "supuestamente" con el que disfrazan el hecho, el abuso es una agresión que nos hicieron a las personas que lo sufrimos, es una verdad”.

Según Carlos, en esa época los niños no tenían ni voz ni voto, “pero ahora sabemos que desde bien pequeños hay niños y niñas que sufren de ese abuso”. Por eso, asegura que hay que trabajar mucho, “permanentemente, no solo desde la ley sino desde la educación en la importancia de que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes no permitan que sean abusados y hablen a tiempo”, precisa. 

MÁS QUE UN DIRECTOR

Carlos es un hombre sencillo, muy cercano a las personas, respetuoso y muy directivo, como él mismo asegura.

“Vivir tantos años trabajando entre los jóvenes me da la oportunidad de entenderlos.  A veces me critican porque me siento joven en este trabajo, me visto como joven y tengo comportamientos de joven. Lo único es que no me gusta el reguetón. (Sonríe)  No esperaba ser director de una institución como el Instituto, pero gracias a l llamado de Claudia, pude cumplir con esta oportunidad”, explica.

Carlos se siente muy papá, muy cuidador, ve a los beneficiarios como a sus hijos y quiere adecuar la institución a los requerimientos de ellos, a sus necesidades.

“Me gustaría que a todos les fuera bien en la vida, y me gustaría llevarles el mensaje que la vida es un proceso, que no desfallezcan, que queremos que se vinculen a este Nuevo Contrato Social. Eso me daría mucha satisfacción de la labor que hago como director".

Carlos asegura que ha encontrado “mucha vida” en su contacto con los chicos y chicas del IDIPRON. Explica que desde el Instituto se busca que el joven tenga la posibilidad de discernir, entendiendo sus nuevos códigos, para construir una ciudad de sujetos no de objetos.

“Nunca me había visto trabajando con niños, pero en el contacto diario, al mirarlos, acuñé esta frase: Si usted quiere conocer a Dios, mire a nuestras niños y niñas del IDIPRON que ahí se ve reflejada la imagen de Cristo. Porque hablando con ellos se da uno cuenta que su historia de vida es muy compleja”

En ese contacto fue testigo de un hecho que se convirtió en una dura anécdota: “recuerdo ver a un niño que le estaban dando la comida y me llamó la atención porque pensé que a su edad ya debía ser autónomo en ese proceso. El Niño no estaba familiarizado ni con los cubiertos ni con los alimentos que le daban en la unidad. Luego me enteré de que había crecido comiendo solamente arroz, papa y aguapanela. “¿Y aquel niño?, pregunté.  Y la respuesta me sacudió por dentro y me hizo pensar en la responsabilidad del distrito en salvar ese proceso: La mamá ejerce la prostitución y no puede satisfacer sus necesidades, por eso además ha permanecido solo".

“Veo a los niños y a las niñas y recuerdo mi infancia, vivíamos una gran pobreza, solo comiendo pan y leche regalados por el gobierno de ese entones y a veces nos tocaba cpomplementar comiendo palomo”, continuó.

"La labor que nos encomendó Claudia es ponerle rostro a esas historias y, por lo menos mientras esté aquí, hacer a esos niños felices".

EN MEDIO DEL BULLYNG UN ACTO FRENTERO

Hasta el momento, Se han recibido 64 anónimos acusando al director de hechos y actitudes absurdas, escritos, al parecer, de gente adulta: En esos anónimos le dicen de todo al director.

Sin embargo, una carta escrita y firmada por niñas menores de edad que hicieron un llamado de atención a la Entidad sobre algunas situaciones en una de nuestras Unidades de Protección fue una actitud calificada como  “frentera” y destacada por el director. 

“Ellas, a diferencia de los anónimos, se hicieron visibles en un gesto muy bonito y valioso". 

ENTRE LA LEGALIDAD Y LA ILEGALIDAD (Los trapecistas)

Uno de los principales objetivos de la alcaldesa, Carlos Marín y el IDIPRON, es arrebatar de la delincuencia a los llamados jóvenes “trapecistas”, aquellos que se encuentran en una frontera delgada entre la legalidad y la ilegalidad, presionados por la falta de oportunidades y de educación, además de estar acorralados por las bandas delincuenciales.

Por eso propone realizar tomas de la ciudad, a través del modelo pedagógico propio de la Entidad, el modelo psicosocial, llevando el colegio a las calles, con acompañamiento espiritual, con acceso a la salud y al emprendimiento, entre otros.

“Hay unos muchachos y muchachas con habilidades extraordinarias para el deporte, que hacen parte de nuestros beneficiarios, razón por lo que contratamos a Alirio Amaya, Administrador Deportivo, con mucha experiencia, para que conjuntamente con todos los profesionales de la Entidad podamos inculcar en esos chicos y chicas, más que ser un profesional del deporte, retomar el deporte como un estilo de vida”. 

Para lograrlo, Carlos quiere llegar a los barrios con toda la oferta de la Entidad además del deporte, del que destaca dos disciplinas que cautivan a los beneficiarios: El fútbol y el boxeo. Dos deportes muy "distintos" pero que han demostrado su gran influencia entre hombres y mujeres del IDIPRON. 

“En estos cuatro años queremos poner el deporte en nuestra agenda de educación como llave para llegar a los beneficiarios. Hemos pensado hasta en integrar un equipo en la tercera división del fútbol distrital con nuestra juventud y vamos a comprar cuadriláteros móviles para llegar a los barrios con el boxeo, deporte que nos ha dejado en el IDIPRON varios campeones distritales, entre chicos y chicas”.

Muchas personas ven en el boxeo un deporte violento, pero para el IDIPRON, el boxeo es un canalizador de energías, una disculpa para “enganchar” a los jóvenes en los barrios, no solo con este deporte, sino con circo, filarmónica, atención con medicina alternativa, entre otras actividades.

“A mi edad estoy practicando boxeo, llevo tres meses practicándolo y muchos chicos me han retado a boxear. Lo único que les pido es que no me golpeen en el pecho porque soy un paciente cardiovascular, tengo problemas de presión, de diabetes y tiroides y me ha llamado la atención que cuando me ven boxeando, el anhelo es pelear con el director y les voy a dar gusto". 

El IDIPRON tiene una estrategia llamada "Boxeo al Barrio", en el que los jóvenes llegan a armar una nueva experiencia de vida.

Carlos reflexiona sobre el boxeo y sus bondades y sabe que a través de ese deporte se pueden liberar toda clase de tensiones y ansiedades. “Tengo mis guantes y mis vendas para boxear casi todos los días de la semana,  lo que me ha permitido conocer más mi cuerpo, aprender a respirar; me duelen los nudillos, los músculos, pero también he aprendido a sobre llevar los dolores a través de la práctica". 

“Qué rico que esos jóvenes vean al director como una persona normal, como un ser humano igual a ellos. Esa es la intención. Ahí voy, aprendiendo, porque este cargo no es fácil, hay presiones internas y externas. Nunca había tenido la posibilidad de recibir tanto bullyng”, asegura.

INFRAESTRUCTA OBSOLETA

“En nuestras 26 instalaciones tenemos casas que se ven muy bonitas, pero tienen serios problemas de averías físicas, que estamos trabajando para rescatarla poco a poco. Pero es una infraestructura que debemos pensar qué hacer con ella porque ya tiene muchos años, entre 40 y 50. Piense que, en la República de los Muchachos en la Florida, de 660 niños se pasó a 50 niños; por eso vamos a recuperarla con la alcaldesa Claudia López y el Nuevo Contrato Social y Ambiental del Siglo XXI. A mí me parece que debería ser un centro técnico de capacitación, con dormida y atención y obviamente con su autogobierno”, asegura.

La realidad de Bogotá dice que la calle ha cambiado y ya los “gamines” de los años 70's lograron ser recuperados y muchos chicos y chicas que pasaron por La Florida o por Arcadia, la sede para las mujeres, hoy en día están habilitados para ejercer la ciudadanía, aprovecharon su oportunidad y son un aporte fundamental a la ciudad. 

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Acostumbrado a caminar Bogotá y ver de cerca la vida de los habitantes de calle, vivió esa misma experiencia durante su niñez. Una niñez y una adolescencia en la que se codeó con la pobreza, el abuso, las drogas y la rebeldía.

Durante los últimos 24 años caminó por El Bronx, La “L”, El Cartucho y el centro de la ciudad, buscando a esos seres perdidos entre el asfalto y las construcciones de hormigón, aquellos que la gente deja de lado por ser los menos favorecidos.

Uno de sus retos personales tiene que ver con fotografiar a los habitantes de calle mientras duermen en calles, parques o cualquier otro sitio donde les coja el sueño. 

Sus fotografías tienen como base el respeto ya que nunca enfoca sus caras, sino que se concentra en los lugares y la forma misma en que duerme el fotografiado. Así busca hacer visible a estos ciudadanos sujetos de derechos, aunque muchas veces son repudiados por ser habitantes de calle.

Así es Carlos Marín, el director del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud, IDIPRON, cargo al que llegó al inicio del gobierno de Claudia López con la misión de mantener y mejorar la cercanía del Instituto con los beneficiarios. En su oficina destacan los retablos y fotografías de dos figuras que fueron decisivas en su vida profesional: Javier de Nicoló y Gilma Jiménez.

JAVIER DE NICOLÓ

“Si hay alguien que debe ser considerado un apóstol y hasta un santo, es el padre Nicoló, porque hizo milagros en vida, sacando de la calle y del riesgo de caer en ella a más de 100.000 jóvenes”, asegura mirando a la cara y con plena conciencia.

Al padre Nicoló lo conoció en el año 1998 cuando Carlos estaba al frente del programa de Habitante de Calle del Bienestar Social del Distrito, para personas de 22 años en adelante,  entidad que por esa época era dirigida por Gilma Jiménez. 

“No solo en Bogotá sino en el mundo, el padre Javier dignificó la calle, ese lugar en el que identificó al ser humano que debía ser atendido, a aquellos que había que darle oportunidades de vida, expresadas en su modelo pedagógico, único, que dejó en Bogotá”

Mientras habla, un velón se consume lentamente frente a la imagen de padre Javier, aquella misma imagen que está en todos los rincones de las sedes del IDIPRON, en los corazones de miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes beneficiarios y egresados del IDIPRON, quienes pronuncian a diario su nombre en sus charlas de pasillo en todas las sedes y sitios de reunión. 

UNA INFANCIA DIFÍCIL

A los 14 años, Carlos se voló de su casa durante tres meses, vivió todos los peligros de la calle, entre intentos de violación, peligro de consumo y dormir en la calle. “Afortunadamente tuve la oportunidad de entrar y salir de ese mundo, al que, desgraciadamente, caen muchos que no pueden salir nunca”.

Allí entendió que las personas tienen capacidad de construir vida a partir de las cosas negativas y a encausar su vida hacia mejores destinos, lo que le dio la tranquilidad de hablarle a los jóvenes

“Tuve una juventud difícil y entre 19 y 21 años bastante complicada por el tema del consumo, pero logré salir de eso. Si logramos educar a nuestros niños y los llevamos a entender que la vida es un proceso y ese proceso se construye día a día, sumados a los principios de la familia, a los ambientes sanos y no sanos, lograremos cosas muy importantes.

Carlos fue abusado de niño; a sus seis años una persona cercana a la familia lo violentó; una persona que lo engañó para tratar de que guardara silencio y no le contara el hecho a sus padres, en una época que el considera triste. Por muchos años guardó ese silencio hasta que un día, en una entrevista televisiva y radial, en el año 2000, con el periodista Darío Arismendi, puedo liberar ese secreto al considerar que ya lo había superado todo.

“Cuando uno escucha a los llamados “expertos” que hablan de abuso que dicen que “supuestamente” o “posiblemente”, eso no es con el "supuestamente" con el que disfrazan el hecho, el abuso es una agresión que nos hicieron a las personas que lo sufrimos, es una verdad”.

Según Carlos, en esa época los niños no tenían ni voz ni voto, “pero ahora sabemos que desde bien pequeños hay niños y niñas que sufren de ese abuso”. Por eso, asegura que hay que trabajar mucho, “permanentemente, no solo desde la ley sino desde la educación en la importancia de que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes no permitan que sean abusados y hablen a tiempo”, precisa. 

MÁS QUE UN DIRECTOR

Carlos es un hombre sencillo, muy cercano a las personas, respetuoso y muy directivo, como él mismo asegura.

“Vivir tantos años trabajando entre los jóvenes me da la oportunidad de entenderlos.  A veces me critican porque me siento joven en este trabajo, me visto como joven y tengo comportamientos de joven. Lo único es que no me gusta el reguetón. (Sonríe)  No esperaba ser director de una institución como el Instituto, pero gracias a l llamado de Claudia, pude cumplir con esta oportunidad”, explica.

Carlos se siente muy papá, muy cuidador, ve a los beneficiarios como a sus hijos y quiere adecuar la institución a los requerimientos de ellos, a sus necesidades.

“Me gustaría que a todos les fuera bien en la vida, y me gustaría llevarles el mensaje que la vida es un proceso, que no desfallezcan, que queremos que se vinculen a este Nuevo Contrato Social. Eso me daría mucha satisfacción de la labor que hago como director".

Carlos asegura que ha encontrado “mucha vida” en su contacto con los chicos y chicas del IDIPRON. Explica que desde el Instituto se busca que el joven tenga la posibilidad de discernir, entendiendo sus nuevos códigos, para construir una ciudad de sujetos no de objetos.

“Nunca me había visto trabajando con niños, pero en el contacto diario, al mirarlos, acuñé esta frase: Si usted quiere conocer a Dios, mire a nuestras niños y niñas del IDIPRON que ahí se ve reflejada la imagen de Cristo. Porque hablando con ellos se da uno cuenta que su historia de vida es muy compleja”

En ese contacto fue testigo de un hecho que se convirtió en una dura anécdota: “recuerdo ver a un niño que le estaban dando la comida y me llamó la atención porque pensé que a su edad ya debía ser autónomo en ese proceso. El Niño no estaba familiarizado ni con los cubiertos ni con los alimentos que le daban en la unidad. Luego me enteré de que había crecido comiendo solamente arroz, papa y aguapanela. “¿Y aquel niño?, pregunté.  Y la respuesta me sacudió por dentro y me hizo pensar en la responsabilidad del distrito en salvar ese proceso: La mamá ejerce la prostitución y no puede satisfacer sus necesidades, por eso además ha permanecido solo".

“Veo a los niños y a las niñas y recuerdo mi infancia, vivíamos una gran pobreza, solo comiendo pan y leche regalados por el gobierno de ese entones y a veces nos tocaba cpomplementar comiendo palomo”, continuó.

"La labor que nos encomendó Claudia es ponerle rostro a esas historias y, por lo menos mientras esté aquí, hacer a esos niños felices".

EN MEDIO DEL BULLYNG UN ACTO FRENTERO

Hasta el momento, Se han recibido 64 anónimos acusando al director de hechos y actitudes absurdas, escritos, al parecer, de gente adulta: En esos anónimos le dicen de todo al director.

Sin embargo, una carta escrita y firmada por niñas menores de edad que hicieron un llamado de atención a la Entidad sobre algunas situaciones en una de nuestras Unidades de Protección fue una actitud calificada como  “frentera” y destacada por el director. 

“Ellas, a diferencia de los anónimos, se hicieron visibles en un gesto muy bonito y valioso". 

ENTRE LA LEGALIDAD Y LA ILEGALIDAD (Los trapecistas)

Uno de los principales objetivos de la alcaldesa, Carlos Marín y el IDIPRON, es arrebatar de la delincuencia a los llamados jóvenes “trapecistas”, aquellos que se encuentran en una frontera delgada entre la legalidad y la ilegalidad, presionados por la falta de oportunidades y de educación, además de estar acorralados por las bandas delincuenciales.

Por eso propone realizar tomas de la ciudad, a través del modelo pedagógico propio de la Entidad, el modelo psicosocial, llevando el colegio a las calles, con acompañamiento espiritual, con acceso a la salud y al emprendimiento, entre otros.

“Hay unos muchachos y muchachas con habilidades extraordinarias para el deporte, que hacen parte de nuestros beneficiarios, razón por lo que contratamos a Alirio Amaya, Administrador Deportivo, con mucha experiencia, para que conjuntamente con todos los profesionales de la Entidad podamos inculcar en esos chicos y chicas, más que ser un profesional del deporte, retomar el deporte como un estilo de vida”. 

Para lograrlo, Carlos quiere llegar a los barrios con toda la oferta de la Entidad además del deporte, del que destaca dos disciplinas que cautivan a los beneficiarios: El fútbol y el boxeo. Dos deportes muy "distintos" pero que han demostrado su gran influencia entre hombres y mujeres del IDIPRON. 

“En estos cuatro años queremos poner el deporte en nuestra agenda de educación como llave para llegar a los beneficiarios. Hemos pensado hasta en integrar un equipo en la tercera división del fútbol distrital con nuestra juventud y vamos a comprar cuadriláteros móviles para llegar a los barrios con el boxeo, deporte que nos ha dejado en el IDIPRON varios campeones distritales, entre chicos y chicas”.

Muchas personas ven en el boxeo un deporte violento, pero para el IDIPRON, el boxeo es un canalizador de energías, una disculpa para “enganchar” a los jóvenes en los barrios, no solo con este deporte, sino con circo, filarmónica, atención con medicina alternativa, entre otras actividades.

“A mi edad estoy practicando boxeo, llevo tres meses practicándolo y muchos chicos me han retado a boxear. Lo único que les pido es que no me golpeen en el pecho porque soy un paciente cardiovascular, tengo problemas de presión, de diabetes y tiroides y me ha llamado la atención que cuando me ven boxeando, el anhelo es pelear con el director y les voy a dar gusto". 

El IDIPRON tiene una estrategia llamada "Boxeo al Barrio", en el que los jóvenes llegan a armar una nueva experiencia de vida.

Carlos reflexiona sobre el boxeo y sus bondades y sabe que a través de ese deporte se pueden liberar toda clase de tensiones y ansiedades. “Tengo mis guantes y mis vendas para boxear casi todos los días de la semana,  lo que me ha permitido conocer más mi cuerpo, aprender a respirar; me duelen los nudillos, los músculos, pero también he aprendido a sobre llevar los dolores a través de la práctica". 

“Qué rico que esos jóvenes vean al director como una persona normal, como un ser humano igual a ellos. Esa es la intención. Ahí voy, aprendiendo, porque este cargo no es fácil, hay presiones internas y externas. Nunca había tenido la posibilidad de recibir tanto bullyng”, asegura.

INFRAESTRUCTA OBSOLETA

“En nuestras 26 instalaciones tenemos casas que se ven muy bonitas, pero tienen serios problemas de averías físicas, que estamos trabajando para rescatarla poco a poco. Pero es una infraestructura que debemos pensar qué hacer con ella porque ya tiene muchos años, entre 40 y 50. Piense que, en la República de los Muchachos en la Florida, de 660 niños se pasó a 50 niños; por eso vamos a recuperarla con la alcaldesa Claudia López y el Nuevo Contrato Social y Ambiental del Siglo XXI. A mí me parece que debería ser un centro técnico de capacitación, con dormida y atención y obviamente con su autogobierno”, asegura.

La realidad de Bogotá dice que la calle ha cambiado y ya los “gamines” de los años 70's lograron ser recuperados y muchos chicos y chicas que pasaron por La Florida o por Arcadia, la sede para las mujeres, hoy en día están habilitados para ejercer la ciudadanía, aprovecharon su oportunidad y son un aporte fundamental a la ciudad. 

En cuanto a San Francisco, asegura que es uno de los orgullos del IDIPRON, junto a ARCADIA. “Para mí, la sede de San Francisco es el alma de Dios, allí los niños tienen sus huertas, tienen el campo, el río y vamos a ver a llevar a las niñas para allá”.

Así es Carlos Marín, un hombre sencillo, que quiere construir desde el IDIPRON, conjuntamente con funcionarios, contratistas, los padres y los niños, niñas , adolescentes y jóvenes, a quienes quiere brindar más oportunidades así como él mismo hace muchos años tuvo una oportunidad, que aprovechó para superar todos sus problemas.

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