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¡Échele cabeza! En IDIPRON, la salud mental va en familia

¡Échele cabeza! En IDIPRON, la salud mental va en familia

Categoría: Noticias Idipron

Por El Dr. Rodrigo Meléndez, Líder del área de Salud de IDIPRON

Desde sus inicios, la atención psiquiátrica se ha enfocado principalmente en la atención de adolescentes, adultos y personas de la tercera edad. No obstante, en años recientes, aspectos demográficos, epidemiológicos y de carga de la enfermedad, han llevado a que el área de psiquiatría de niños y adolescentes se convierta en una de las más relevantes de esta especialidad médica.

Y es así como en el Instituto hemos podido observar a lo largo de estos seis años de existencia del servicio médico como nuestros beneficiarios se ven afectados en la garantía de sus derechos por infinidad de factores inherentes a las políticas de salud mental implementadas desde hace ya varios años y en las cuales muchas veces no se observa una respuesta efectiva a los fenómenos que llevan al desarrollo de estas patologías, como lo son el entrenamiento deficiente en esta área de muchos psiquiatras, un déficit cuantitativo de ellos en los pocos servicios especializados que hay en nuestra ciudad para la atención de esta franja de población así como los pocos recursos financieros que se destinan para adelantar los programas de salud mental en la infancia, adolescencia y juventud.

También debemos destacar que existen creencias populares de que los niños son adultos pequeños, que no presentan enfermedades mentales y la asistencia con ellos a una consulta psiquiátrica genera un gran estigma social. No es raro observar como muchos trastornos del área mental son interpretados por los padres como fenómenos de rebeldía o mala crianza y sus hijos terminan siendo castigados o sometidos a misas de sanación, llevados a internados educativos o tratamientos empíricos por supuestos médicos del alma.

Y estos chicos que no encuentran un alivio para sus malinterpretados trastornos mentales un día terminan encontrando un “amigo” que infortunadamente para él, le ofrece una sustancia con acción psicoactiva, con la que errónea pero subjetivamente logra paliar sus síntomas, y es aquí donde empieza el gran sufrimiento al que se someten las familias y la sociedad cuando uno de sus integrantes cae en el consumo de las drogas.

Inicialmente entendamos por DROGA que es toda aquella sustancia que, introducida al organismo, y que no es alimento ni veneno, genera un cambio en el curso del pensamiento, en las emociones o en las percepciones a través de sus cinco sentidos. Esta sustancia, que ha ingresado el cuerpo por cualquier vía, al ocasionar los cambios anteriormente mencionados, genera a nivel cerebral un gran placer, el cual es la causa de que la persona consumidora experimente con el paso del tiempo conductas repetitivas en búsqueda de la sustancia que ocasiona ese placer o le evita una sensación desagradable, llevando a unos consumos, que inicialmente eran experimentales u ocasionales, a situaciones de dependencia y consumo problemático, con las correspondientes afectaciones en su salud física y mental, en las relaciones interpersonales, ya sea con su familia o amigos, en sus relaciones laborales y académicas y por último generando conflictos con la ley.

Debemos tener en cuenta que el consumo de sustancias psicoactivas en menores de edad no se puede tolerar según la Organización Mundial de la Salud, pero la realidad de nuestro país es muy diferente y hemos debido adaptarnos para encontrar formas ingeniosas de manejar esta problemática.

Este consumo de sustancias psicoactivas infortunadamente está propiciado por una serie de factores no protectores, siendo entre ellos los más importantes la presencia de una familia disfuncional en la cual se han perdido todos los valores y normas, falta de respeto entre sus miembros, falta de figura materna o paterna e infortunadamente esta relación familiar anómala termina siendo el principal factor expulsor de nuestros beneficiarios hacia la habitabilidad en calle, sitio en donde infortunadamente tendrán que luchar dentro de la que denomino calle mala, aquella que abunda en vicios, delincuencia, malas prácticas y donde lo más probable es que se pronuncie aún más este consumo a sustancias de mayor impacto, que muy seguramente llevarán a que adopte conductas delictivas, por las que posiblemente terminarán en instituciones penitenciarias, y en el peor de los casos, en el cementerio.

Y es así como vemos a lo largo de esta marcha fúnebre como los diversos tentáculos del microtráfico se irán infiltrando dentro de los entornos familiares, escolares y recreativos, tratando de engañar a nuestros beneficiarios de diversas formas para llevarlos a ser consumidores activos y de esta manera asegurar una fuente segura de ingresos ilegales; en primer lugar ofrecen una serie de muestras gratis para que al ser probadas de manera experimental generen ese placer del que hablábamos y de esta forma fidelizar a estos inocentes consumidores en la compra reiterativa de sustancias psicoactivas; adicionalmente, no es raro observar cómo los hijos de estos expendedores también se infiltran en las instituciones educativas, para ofrecer sus productos o en algunos casos disfrazarlos bajo la apariencia de agradables golosinas; y es así como esta manera poco a poco el oscuro manto de la drogadicción va invadiendo los hogares e instituciones educativas de nuestra ingenua infancia, adolescencia y juventud, enriqueciendo las arcas de quienes se dedican a este perverso negocio y acabando con los valores de la sociedad y las familias.

También existen otras modalidades por las cuales se puede iniciar el consumo de sustancias psicoactivas, como es el aprendizaje por modelado, en el cual nuestros beneficiarios, al observar cierto personaje de importancia pública o alguien en su núcleo familiar primario consume algún tipo de sustancia psicoactiva, termina siendo una influencia para motivar al consumo tratando de remedar la imagen observada. O en el peor de los casos, el núcleo familiar es el dueño del expendio…

Por eso en todo hogar se debe estar atento a todos aquellos signos indirectos que nos puedan poner bajo alerta de que sus hijos puedan estar involucrados en un consumo oculto de sustancias psicoactivas: cambios de comportamiento, timidez extrema, apetito exagerado en horas de la noche, desaparición de objetos en la casa, uso de purificadores de ambiente, presencia de colirios o gotas oculares no prescritas, falta de respeto a las normas familiares, cambios en los hábitos de sueño, bajo rendimiento escolar, etc. Y es acá en donde toma mayor relevancia la frase  ”dime quién eres y te diré con quién andas”….

Hay múltiples factores de riesgo diferentes al entorno familiar, tales como la presión de pares (“si no consumes no perteneces a este grupo”), experiencias traumáticas de la infancia, violencia o abuso sexual o violencia derivada del conflicto armado, falta de motivación o empleo que generan exceso de tiempo libre, falta de habilidades sociales, el insomnio y factores genéticos como se ha demostrado que sucede con el alcoholismo que también confluyen en la génesis del problema.

Todo esto nos lleva a una conclusión inicial en la que predomina la palabra PREVENCIÓN…

Debemos evitar al máximo que nuestra población menor de edad tenga contacto con las sustancias psicoactivas o en lo posible retrasar al máximo su contacto con ellas. Y todo esto sólo se logra con medidas pedagógicas de manera individual o colectiva y de acuerdo al riesgo que exista en cada grupo de población.

En segundo lugar, debemos brindar EDUCACIÓN, ya que hemos visto como conociendo los efectos que generan las sustancias psicoactivas en el cuerpo, nuestros beneficiarios toman conciencia de daño y cambian sus patrones de consumo hasta llegar a la abstinencia. Pero debemos tener en cuenta que estos procesos educativos deben ser realizados de una manera organizada, y no sólo dirigidos a los beneficiarios sino también a sus familias, ya que nada ganamos si los educamos en el Instituto para retornar a su núcleo familiar recaen en estos entornos no protectores. También es importante la ORIENTACIÓN, ya que en Internet existe muchísima información más no se logra con esto un adecuado CONOCIMIENTO el cual es transversal a todas las áreas del Instituto.

En tercer lugar, debemos acoger, brindar apoyo, NO JUZGAR….

Y ahora en estos momentos, en los que aparentemente se está superando la pandemia por COVID 19, encontramos que en el Instituto la pandemia que tuvimos y continuaremos teniendo será la de salud mental, observando cada vez como más de nuestros beneficiarios se ven afectados por trastornos de ansiedad, depresión, insomnio, estrés postraumático y muchas otras patologías de origen mental, que ya sean solas o en combinación con el consumo de sustancias psicoactivas, que configura la denominada PATOLOGÍA DUAL, serán el reto a afrontar en los próximos años..

IDIPRON, consciente de la definición de salud abarca el completo estado de bienestar físico, mental y social de cada uno de nuestros beneficiarios y asimismo de sus familias, cuenta con profesionales en las diferentes áreas de la salud que educamos y atendemos de manera directa a todos ellos en las diferentes unidades y así mismo hemos realizado convenios de cooperación con diferentes instituciones educativas y de salud para procurar de manera priorizada prevenir, tratar, reducir riesgos y mitigar daños de todas las circunstancias anteriormente enumeradas, retos que día a día enfrentaremos garantizando los derechos de quienes son la razón de nuestro servicio diario, brindado con alegría, libertad y afecto.

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Por El Dr. Rodrigo Meléndez, Líder del área de Salud de IDIPRON

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Y es así como en el Instituto hemos podido observar a lo largo de estos seis años de existencia del servicio médico como nuestros beneficiarios se ven afectados en la garantía de sus derechos por infinidad de factores inherentes a las políticas de salud mental implementadas desde hace ya varios años y en las cuales muchas veces no se observa una respuesta efectiva a los fenómenos que llevan al desarrollo de estas patologías, como lo son el entrenamiento deficiente en esta área de muchos psiquiatras, un déficit cuantitativo de ellos en los pocos servicios especializados que hay en nuestra ciudad para la atención de esta franja de población así como los pocos recursos financieros que se destinan para adelantar los programas de salud mental en la infancia, adolescencia y juventud.

También debemos destacar que existen creencias populares de que los niños son adultos pequeños, que no presentan enfermedades mentales y la asistencia con ellos a una consulta psiquiátrica genera un gran estigma social. No es raro observar como muchos trastornos del área mental son interpretados por los padres como fenómenos de rebeldía o mala crianza y sus hijos terminan siendo castigados o sometidos a misas de sanación, llevados a internados educativos o tratamientos empíricos por supuestos médicos del alma.

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Inicialmente entendamos por DROGA que es toda aquella sustancia que, introducida al organismo, y que no es alimento ni veneno, genera un cambio en el curso del pensamiento, en las emociones o en las percepciones a través de sus cinco sentidos. Esta sustancia, que ha ingresado el cuerpo por cualquier vía, al ocasionar los cambios anteriormente mencionados, genera a nivel cerebral un gran placer, el cual es la causa de que la persona consumidora experimente con el paso del tiempo conductas repetitivas en búsqueda de la sustancia que ocasiona ese placer o le evita una sensación desagradable, llevando a unos consumos, que inicialmente eran experimentales u ocasionales, a situaciones de dependencia y consumo problemático, con las correspondientes afectaciones en su salud física y mental, en las relaciones interpersonales, ya sea con su familia o amigos, en sus relaciones laborales y académicas y por último generando conflictos con la ley.

Debemos tener en cuenta que el consumo de sustancias psicoactivas en menores de edad no se puede tolerar según la Organización Mundial de la Salud, pero la realidad de nuestro país es muy diferente y hemos debido adaptarnos para encontrar formas ingeniosas de manejar esta problemática.

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Y es así como vemos a lo largo de esta marcha fúnebre como los diversos tentáculos del microtráfico se irán infiltrando dentro de los entornos familiares, escolares y recreativos, tratando de engañar a nuestros beneficiarios de diversas formas para llevarlos a ser consumidores activos y de esta manera asegurar una fuente segura de ingresos ilegales; en primer lugar ofrecen una serie de muestras gratis para que al ser probadas de manera experimental generen ese placer del que hablábamos y de esta forma fidelizar a estos inocentes consumidores en la compra reiterativa de sustancias psicoactivas; adicionalmente, no es raro observar cómo los hijos de estos expendedores también se infiltran en las instituciones educativas, para ofrecer sus productos o en algunos casos disfrazarlos bajo la apariencia de agradables golosinas; y es así como esta manera poco a poco el oscuro manto de la drogadicción va invadiendo los hogares e instituciones educativas de nuestra ingenua infancia, adolescencia y juventud, enriqueciendo las arcas de quienes se dedican a este perverso negocio y acabando con los valores de la sociedad y las familias.

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También debemos destacar que existen creencias populares de que los niños son adultos pequeños, que no presentan enfermedades mentales y la asistencia con ellos a una consulta psiquiátrica genera un gran estigma social. No es raro observar como muchos trastornos del área mental son interpretados por los padres como fenómenos de rebeldía o mala crianza y sus hijos terminan siendo castigados o sometidos a misas de sanación, llevados a internados educativos o tratamientos empíricos por supuestos médicos del alma.

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Inicialmente entendamos por DROGA que es toda aquella sustancia que, introducida al organismo, y que no es alimento ni veneno, genera un cambio en el curso del pensamiento, en las emociones o en las percepciones a través de sus cinco sentidos. Esta sustancia, que ha ingresado el cuerpo por cualquier vía, al ocasionar los cambios anteriormente mencionados, genera a nivel cerebral un gran placer, el cual es la causa de que la persona consumidora experimente con el paso del tiempo conductas repetitivas en búsqueda de la sustancia que ocasiona ese placer o le evita una sensación desagradable, llevando a unos consumos, que inicialmente eran experimentales u ocasionales, a situaciones de dependencia y consumo problemático, con las correspondientes afectaciones en su salud física y mental, en las relaciones interpersonales, ya sea con su familia o amigos, en sus relaciones laborales y académicas y por último generando conflictos con la ley.

Debemos tener en cuenta que el consumo de sustancias psicoactivas en menores de edad no se puede tolerar según la Organización Mundial de la Salud, pero la realidad de nuestro país es muy diferente y hemos debido adaptarnos para encontrar formas ingeniosas de manejar esta problemática.

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